
Platicaron alegremente de viejos tiempos, de personas y situaciones comunes a ambos.
Dieron cuenta de varias Jarras de café aromatizado por la canela y endulzado por un poco de pilonsillo y azúcar, bien abrigados con sus jorongos porque el viento frío les congelaba las orejas.
Platicaron de los amigos y familiares que con el paso de los años han pasado a mejor vida, que Dios los tenga en su santa gloria, de las aventuras que pasaron el la revolución al servicio del general Villa, de como las balas les pasaban silbando tan cerca que por puro milagro no les dieron, la platica fue amena y divertida al pareciera que tenían una eternidad sin encontrarse.
Las largas horas transcurrieron y ya casi para que aclarara la mañana dijo uno de ellos.
-Vamos tomandonos el ultimo cafecito porque ya viene siendo hora de irnos compadrito nos vemos aquí el próximo dos de noviembre.
Apenas clareaba la mañana, el pequeño niño pastoreaba sus chivas y al pasar junto a las viejas cruces sobre la loma cerca del río se sorprendió al ver dos jarros medios de café todavía humeando.